Ce
ntrán
donos ya en el dir
ecto, organizaro
n el concierto en dos partes bien di
feren
ciadas: la primera, más íntima y emocional, con canciones más sentimentales, reflejo de las vivencias personales d
los asistent
es; y la segunda, tremendamente festiva y satírica,
on los temas más humorísticos y divertidos de la banda. Una estructura lógica y coherente en todo momento con los temas, no simplemente una maniobra efectista de cara a la galería. Y ambas tremendamente disfrutables.
Con la intensidad justa y la emoción precisa, fueron cayendo temas como “Mi personalidad”, “Noches reversibles”, “Maniobras de escapismo” o “Niña imantada”, demostrando la especial sensibilidad de la banda en sus composiciones, que conectaban con el “morriñento” público gallego en la intimidad de una sala que se antojaba ideal para su manual de pop elegante y meticulosamente cuidado. Al igual que su música, resultaban sus formas para dar paso a sus temas. En una costumbre tan poco dada en el panorama nacional, Santi iba presentándolos con cuidado y delicadeza, como no queriendo romper la magia que se respiraba en el ambiente cuando sonaban. Un saber estar distinguido y exquisito en los detalles, propios de la madurez de un grupo que se sabe en forma y que disfruta de sus logros tras haber ido creciendo paso a paso, paladeando el momento, como las copas de vino junto a sus pies de micro.
Y así fue el concierto hasta el punto y aparte que supuso “Música de ascensores”. A partir de entonces, y con el público ya encandilado, empezaron la parte más festiva de su repertorio, adornada con disfraces y abalorios varios, que completaron las interpretaciones carnavalescas y humorísticas de temas como “Me amo”, “Los niños del mañana” o “Marlene, la vecina del ártico”. El sentimiento festivo se contagió al público, poniendo como colofón la conga de los lesbianos por la sala, cantando el himno buenrollista “Shiwa”.
Desde luego, una propuesta muy atractiva en directo de un grupo con una discografía muy recomendable. En cierto modo, comparten una manera de afrontar los conciertos como un espectáculo, siguiendo una senda similar a la de Sidonie, vecinos, amigos y coetáneos, a los que une un crecimiento exponencial desde su cambio de idioma al castellano, y responsables de que Barcelona vuelva a ser uno de los centros geográficos del Indie melódico actual, con algunos de los mejores discos de la década. Como pros, todo lo ya desgranado anteriormente. Como único contra, posiblemente la “auto-censura” de sus temas en inglés, especialmente del injustamente subestimado “Ungravity”. En definitiva, (todavía) más razones para que el lesbianismo siga creciendo.